-Maestro, a menudo discutimos entre nosotros sobre si existe el destino o el libre albedrío, si todo es producto de casualidad o el karma, una simple sucesión de causas y efectos o si tiene un sentido trascendente, si la conciencia crea el mundo o se limita a percibirlo, si existe un poder o un dios que todo lo organiza y dirige o si el universo es su propia base… y así sucesivamente. Por mucho que pensamos y discutimos no logramos ponernos de acuerdo ni llegar a ninguna conclusión satisfactoria. ¿Podrías ayudarnos?
-Mañana temprano esperadme fuera y venid conmigo.
Así lo hicieron, y al día siguiente siguieron al maestro hasta lo alto de una colina desde la que se divisaba una carretera. Señalándosela, el Maestro dijo:
-Ahora guardad silencio y observad.
Esperaron un largo rato sin que pasara nada. En un momento dado, vieron dos carretas de bueyes que avanzaban en dirección contraria; cuando se cruzaban, de pronto un buey se encabritó y embistió al otro haciendo que ambas carretas volcasen.
-Bueno, ya habéis visto lo que ha pasado, ¿por qué creéis que ha sucedido?
-No lo sabemos, Maestro. Precisamente eso es lo que queríamos que nos ayudases a dilucidar.
-Puede que haya sido una coincidencia, puede que una mosca picase al buey, puede que sea a causa del karma de los carreteros, puede que uno azuzara disimuladamente al buey, puede que estuvieran destinados a chocar, puede haber sido la obra de un dios o espíritu travieso… depende.
-Y entonces, ¿de qué depende?
-De la mente. Puede ser por una cosa u otra o ambas a la vez, puede ser por todo, puede ser por nada, depende de lo que pensemos sobre ello; por ello mejor aplicaros en vuestra práctica y centraros en vuestro deber.
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Cuento oriental
